Renault Grand Scénic, Citroën Grand Picasso y Mazda5

ImageCada vez son más el número de familias que opta por un vehículo de este tipo. Ofrecen una gran capacidad interior para hasta siete ocupantes, un confort de marcha elevado y un precio razonable.

La tendencia actual del mercado y de las necesidades de los conductores han propiciado un incremento notable en la demanda de modelos monovolumen. Una de las características comunes a estos tres modelos es el habitáculo de siete plazas, un atractivo pensado más para ocasiones puntuales que para un uso cotidiano. Porque hay que tener en cuenta que, en los tres casos, la tercera fila es más apropiada para niños que para adultos y, además, limitan el espacio disponible de maletero. Para los que necesiten habitualmente las siete plazas, sería más recomendable un monovolumen de los más grandes tipo Kia Carnival, Renault Espace o Citroën C8 antes que cualquiera de los aquí presentes.

Para los que finalmente se decidan por un modelo de este tipo podrán disfrutar de sus múltiples facetas. Entre ellas destacan, además de la habitabilidad interior y de la modularidad, un más que razonable confort de marcha, un comportamiento equilibrado y unas prestaciones suficientes. De los tres, el que tiene el comportamiento dinámico más similar a una berlina es el Mazda 5. Es el que menos balancea en curva y el más firme en lo que respecta al tarado de la suspensión. Por tacto de conducción resulta incluso deportivo en comparación con sus rivales. Una posición de conducción no tan elevada como en los otros modelos, junto con un tacto de dirección rápido y preciso terminarán por convencer a los que no comulguen con las sensaciones de conducción típicas de los vehículos monovolumen.

El Citroën probado en esta ocasión se correspondía con el acabado Executive Plus, el más alto de la gama. De serie incorpora llantas de 18 pulgadas, estéticamente atractivas, pero exageradas para un automóvil de este tipo. Con 17 pulgadas o menos todavía, ganaría en confort de marcha –más perfil- y dinámicamente no desentonaría. Otro de los elementos que incluye el nivel de acabado más completo es la suspensión trasera autonivelante, que puede regularse mediante un pulsador situado en el marco del portón trasero. De este modo es posible bajar el plano de carga del maletero para facilitar la introducción de objetos voluminosos. Además, si se viaja con el vehículo completamente cargado, la altura de la carrocería se mantiene constante, lo que influye positivamente en el comportamiento del vehículo en estas circunstancias. En carreteras viradas es más ágil de lo que cabe esperar, aunque el confort de marcha podría ser mejorable, no tanto en vías rápidas como en zonas con piso más irregular. En este último caso, la suspensión del Picasso no alcanza la suavidad de la del Scénic, con menos perfil de neumáticos y con una amortiguación más suave.

Este último es, de los tres, el más equilibrado en el apartado de bastidor. Es muy cómodo, con un comportamiento correcto y seguro. El tacto de la dirección eléctrica es notablemente más agradable y precisa que la que estrenó el Megane de la actual generación. No alcanza a la del Mazda pero es correcta. Lo mismo ocurre con el cambio, con una palanca que debería mejorar en precisión y con unos recorridos demasiado largos. Las versiones que hemos elegido son, desde nuestro punto de vista, las motorizaciones más interesantes y equilibradas. Tratándose de modelos pensados para viajar más de dos personas y, probablemente, el vehículo principal de la familia, entendemos que los propulsores Diesel entorno a 140 CV son los más interesantes. Los tres disponen de mecánicas de cuatro cilindros y 2 litros, si bien el Scénic, con 160 CV reales, supera claramente a sus rivales en prestaciones y, no por ello, es el que más consume. Es el más agradable de conducir, tanto por suavidad de funcionamiento como por respuesta. Permite ir en marchas largas aprovechando todo el par motor sin tener que recurrir con frecuencia al cambio, y manteniendo unos consumos muy ajustados, sobre todo en conducción por carretera y a velocidades de crucero mantenidas.

El motor del Mazda también nos ha gustado aunque es más ruidoso. Sube de vueltas relativamente rápido, con una respuesta óptima a medio régimen. Las prestaciones están a un nivel intermedio entre sus dos rivales, si bien el consumo en ciudad es algo elevado, lo que penaliza el valor medio medido. El Grand C4 Picasso monta, en esta versión, el 2.0 HDI de 138 CV, un propulsor muy empleado tanto por Citroën como por Peugeot y Ford. En la mayoría de modelos por un nivel equilibrado entre prestaciones y consumos, pero en el Picasso nos ha defraudado ligeramente. Tal como se puede comprobar por los datos aportados por nuestro Centro Técnico, las mediciones de aceleración, recuperaciones y desarrollos son inferiores a lo esperado. Acelerar de 0 a 100 km/h en casi 13 s no es un tiempo en línea con sus rivales, que se mantienen por debajo de los 10 s. No es una cuestión de primer orden las prestaciones en este tipo de vehículos, aunque tenemos que tener en cuenta que en muchas ocasiones probablemente viajemos con el coche cargado a tope, circunstancia en la que las prestaciones, comparadas con el resto del tráfico empeoran más.

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