MUSEO AUGUST HORCH, UN PASEO POR LOS ORÍGENES DE AUDI

En 1988, un antiguo salón comedor de la fábrica de Sachsenring (parte de lo que solía ser la fábrica Audi) ofició de anfitrión de una pequeña exhibición de ejemplares de la época. Pese a las idas y vueltas que surcaron el proceso de reunificación alemana, la colección original sobrevivió y se incrementó a lo largo de los años.

Desde que abrió sus puertas en septiembre de 2004, el Museo August Horch se ha convertido en la mayor atracción turística de la ciudad., que ya recibió a más de 100.000 visitantes en su primer año. Su extraordinaria colección de automóviles históricos, todos nativos de Zwickau, se ubica en el corazón del edificio que fue sometido a importantes obras de rediseño y restauración. En sus 2.500 m2 se elevaron los techos de los salones del sótano, se instalaron grandes ventanales que permiten la entrada de luz durante la mayor parte del día, y se concretó una idea más que original: simular la antigua calle Leipziger tal como era en la Zwickau de la década de 1930, para estacionar los vehículos de antaño.

Ver y tocar

La exposición permanente del museo se extiende sobre el primer piso, con lujosos modelos Horch y Audi. El vehículo más antiguo es un Horch 12-28 Phaeton de 1911, mientras que las joyas de esta sección son el bólido de carreras Auto Union Type C de 1936 y el Audi Type C de 1914, con el cual August Horch ganó el Alpine Rally, en esa época, el evento más difícil de su clase en todo el mundo.

Además, se exhibe el último camión existente Horch 25-42 HP de 1916, y el chasis de un Audi Type M de 1927. Iconos de la historia de la marca que pueden apreciarse en vivo y en directo.

Otro recorrido imprescindible en la visita es el que presenta los antiguos motores Horch, con el primer cuatro cilindros 14-17 HP de 1904. A su vez, se exhiben piezas que fueron armadas especialmente, como una reproducción exacta de un stand de Auto Union AG para el Motor Show de Alemania, de la década de 1930, y una histórica estación de servicio.

Si la idea es sumergirse aún más en otros tiempos, es ideal visitar las seis salas del sótano que documentan la historia del Trabant, símbolo de la Alemania Oriental. Este compacto, que se dejó de fabricar en 1991, contaba con espacio para cuatro adultos y equipaje. Ligero y duradero, su carrocería era de fenoplast (resina fenólica); y su motor, de dos cilindros y dos tiempos.

Por su parte, el “Kontorgebäude” -edificio de oficinas-, permite obtener una concepción real de la tecnología y la producción mecánica de los años 20 y 30. La maquinaria en funcionamiento, impulsada a correas, junto con un banco de pruebas de motores, transportan al visitante a un período de producción de automóviles históricos.

Recorrer los caminos de esta fábrica-museo es una invitación irresistible a la cuna de muchísimas ideas que influyeron en la industria de automoción alemana y mundial. Un paseo por los orígenes fundacionales de la marca de los cuatro aros.

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