Mini Clubman/Vw Golf

ImagePara ganar versatilidad, el Mini creció en dimensiones y dio lugar a la versión Clubman. La fisonomía resultante, más compacta que utilitaria, le permite encarar al carismático Volkswagen Golf, brillante con motor 1.9 TDI.

El británico, menos práctico pero bien hecho y más caprichoso, suma otro argumento de peso: su nuevo propulsor de gasóleo 1.6 de 110 CV.

Es evidente que el sugerente Mini de tres puertas está reñido con el sentido práctico para clientes que, en general, no sean solteros o parejas sin hijos. Para enmendarlo, y pese al éxito de ventas que lo caracteriza –más de un millón de unidades vendidas desde su lanzamiento en 2001–, la firma de BMW Group decidió añadir la versión alargada Clubman. Inspirado en un Mini de nombre, formato y concepto similares al original de 1969, el Clubman es 24 centímetros más largo que el «normal», ganancia que repercute en un maletero 100 litros superior –parte de 260– y en unas plazas traseras con más hueco para las piernas, resultado de una batalla ocho centímetros más larga.

Éstas no permiten «tirar cohetes», pero dan más de sí. Es más, si las butacas delanteras no van muy retrasadas, dos adultos, aún justitos, pueden acomodarse para afrontar una larga travesía. Otra opción es sentar a 3 niños, pues el Clubman está homologado para 5 ocupantes –sin coste puede solicitarse en configuración de cuatro–.

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Para acceder a ese espacio, el coche ofrece el clásico abatimiento de los asientos delanteros –con un mecanismo mal diseñado para recuperar la posición previa que obliga a mover la banqueta y luego el respaldo– y, sobre todo, una portezuela trasera, sólo en el flanco derecho, de apertura en «cochera » u opuesta al sentido de marcha. Carece de manilla externa –únicamente tiene la interna–, es más corta que la delantera y no se abre hasta que movemos la última, pero en la práctica facilita las cosas para llegar dentro o, por ejemplo, acomodar en su sillita a un bebé que sentemos desde fuera.

Otra «gracia» es su doble hoja vertical de maletero. Se llama «Splitdoor», y exhibe un aspecto un tanto industrial, pero está bien hecha y se abre con facilidad –incluso desde el mando a distancia– gracias a un mecanismo hidráulico. Además, añade dos prácticos limpiaparabrisas, aunque no es menos cierto que merma visibilidad posterior. Por cierto, va troquelada a la altura de las ópticas, por lo que éstas permanecen fijas.

También en el habitáculo, el Clubman se beneficia de la puesta al día acometida sobre el Mini y responsable, en primer lugar, de un diseño de salpicadero ligeramente actualizado que gana calidad. En esto el coche es un acierto, con un ambiente que remite a BMW a partir de una robustez general y un refinamiento propios de sibaritas.

Asimismo, el puesto de conducción está bien ideado, pues el volante queda en un plano vertical y se ajusta en altura –para que lo haga el asiento hay que pagar 52 euros– y extensión. Por el contrario, los mandos y pulsadores no agrupados en los brazos de intermitentes y limpiaparabrisas están desperdigados –botones de los elevalunas, cierre centralizado…– o semiocultos –haz de luz–. De acuerdo, su diseño es original y hasta caprichoso, pero en absoluto práctico.

En versión Cooper D, el Mini «familiar » se vale de la mecánica turbodiésel Ford/PSA estrenada por el remozado Mini. Hablamos, claro, del progresivo 1.6 «common rail» conectado a una caja de seis marchas de tacto suave y guiado preciso –con relaciones bien ajustadas– delicioso de toquetear. Sus 110 CV y 24,5 mkg de par máximo no permiten estridencias, pero mueven con solvencia los 1.175 kilos del Clubman.

Así lo avala una rápida progresión de 80 a 120 km/h con la cuarta engranada –como al iniciar un adelantamiento– de 7 segundos, mientras que al ir dotado, entre otros, del mejorable «Start&Stop» consagra un pírrico gasto medio real inferior a 5 l/100 km. Otra novedad es el reglaje de chasis, de por sí una virguería en un coche tan pequeño –suspensiones independ i e n t e s e n ambos ejes, control de frenada en curva, estabilizador, asistente de arranque en rampa…–. Ahora es más progresivo y confortable, menos castigador.

Ojo, pues viajando cargados es fácil que las suspensiones hagan tope pasando sobre rotos, lo que deriva en una sequedad que no todos aprobarán. A cambio es tan «ratonero» como cualquier Mini, con una dirección rapidísima, frenos potentes y balanceos mínimos. Ideal para carreteras lentas si vamos «ligeritos».

VALOR SEGURO
Bien, ya sabemos más de un coche que probamos en versión Cooper S –véase número 1.248–, y que, cómo no, la marca permite personalizar en extremo –conexión iPod, navegador, multitud de colores y combinaciones, llantas de todo tipo, cuero, mando de órdenes verbales…– pese a contar con una equipación de serie suficiente.

Pero, ¿qué modelos encara? Pues por exclusividad, precio y motor, uno por encima del resto: el paradigmático Volkswagen Golf de cinco puertas con motor turbodiésel 1.9 TDI de 105 CV. En versión i-Golf sale 1.570 euros más barato y trae consigo casi todo lo preciso: aire acondicionado, llantas de aleación, equipo de sonido con «iPod nano», cuatro elevalunas…

¿Qué aporta sobre el caprichoso Clubman? Pues dejando a un lado criterios subjetivos acerca de gustos o estéticas, una carrocería compacta más grande –4,20 metros, por los 3,97 de su rival– y, en consecuencia, habitable. Por ejemplo, cuatro adultos –o dos y tres chavales– se acomodan a la perfección sin mover asientos o abrir puertas enlazadas. El maletero, con el clásico portón, acoge 90 litros más y bajo el plano de carga guarda una rueda de repuesto opcional en el inglés –le resta mucho espacio–.

En lo dinámico, el alemán, que también juega la baza de un chasis con suspensiones independientes bien ajustadas, es un vehículo mejor equilibrado por firmeza y confort. No resulta tan directo o tan incisivo y, además, balancea más en curvas, pero es tan fácil de llevar –frenos, dirección y cambio tienen un tacto de primera– o más que aquel, transmite mucha seguridad y, por supuesto, aporta los consabidos ABS con corrector, ESP…

Paralelamente, presume de una posición de conducción mejor conseguida, donde no hay mando o pulsador mal situado y en la que cualquier conductor encaja a la primera –asiento y volante se regulan de serie en altura y extensión–. En suma, es más práctico y sensato para usar a diario, en tiempo de ocio, solos, en familia o como sea.

¿Y el motor? Curiosamente, y pese a ser un poco más grande, da menos de sí, en parte porque es cinco caballos menos potente –aunque supera el par máximo en 1 mkg–, porque la tara sube 76 kilos y también porque el cambio, de sólo cinco marchas, lo aprovecha peor. Gasta un litro más de promedio y, aunque su reprís es notable adelantando o acelerando, es más humilde.

Pero no hay que engañarse, pues en algunos casos son diferencias realmente nimias y al final el «áspero », veterano y rumoroso TDI –algún día su alimentación por bomba-inyector dará paso a un «common rail» que mejorará estos y otros aspectos– gratifica plenamente. Si a ello sumamos un valor residual similar al del codiciado Mini –o aquí el Clubman– es fácil concluir que la compra racional pasa por el modelo de VW. Pero, ¿quién habló de razón o de sentido práctico puestos a hacerse con un Mini? Además, el Clubman Cooper D cuida el bolsillo y acaricia esos preceptos…

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