LANCIA LYBRA: UN LANCIA PARA EL AÑO DOS MIL

A veces la tradición llega del futuro: de hecho, sólo un salto en el tiempo permite reinterpretar verdaderamente símbolos y valores en un objeto en el que todo es nuevo, excepto el espíritu

Por eso el Lancia Lybra no deriva directamente de los modelos que lo han precedido, sino que propone la lección del pasado filtrándola a través de una experiencia de vanguardia, la del concept-car Dialogos, con el que Lancia ha adelantado el futuro de los automóviles de elide.

Y el Lancia Lybra, en las versiones berlina y Station Wagon, es precisamente el coche elitista de clase media con el que la marca entra en el año dos mil. Un modelo importante, no sólo porque está destinado a un segmento central por volumen, imagen y rentabilidad, sino también por el doble objetivo que se propone.

Por un lado, traer a este vital nicho de mercado, en el que se enfrentan los competidores más cualificados, contenidos hasta ahora reservados a los buques insignias. Y por otro, marcar un hito para Lancia que, precisamente con el Lybra, se atribuye de nuevo una misión concreta: proponer, en coherencia con su propia historia prestigiosa, un inconfundible “modo de conducir Lancia”. Que significa disfrutar de las prestaciones de un gran coche de carretera pero sin estrés, en un ambiente agradable como el salón de casa y capaz de transmitir bienestar.

Como se recordará, son los mismos temas desarrollados en el concept-car, el coche “biodinámico” que no ha sido nunca un simple ejercicio teórico, sino un modelo ideal y punto de llegada, al que precisamente el Lancia Lybra empieza a dar forma.

Y lo hace con un estilo sobrio pero elegante, que reinterpreta la tradición mirando al futuro. De hecho, en el nuevo modelo se unen forma estilística y función para ofrecer, por una parte, un evidente parentesco de sus líneas con los Lancia del pasado y, por otra, la funcionalidad del dos mil.

Las dimensiones son considerables para el segmento. Con una longitud de 4,46 metros y una anchura de 1,74, el Lybra es 12 centímetros más largo, 4 más ancho y su distancia entre ejes es 5 centímetros mayor que la del modelo al que sustituye. Además, también es más alto (1,46 metros la berlina y 1,47 el Station Wagon); todo esto le confiere “importancia” al coche (como cabe esperarse de un automóvil de prestigio), pero también le permite ofrecer medidas de habitabilidad similares a las de los mejores competidores (1,84 metros desde el acelerador hasta el borde del respaldo trasero), y en algunos casos en la cima de la categoría: 92 centímetros para las piernas de los pasajeros traseros y 1,44 metros de anchura a la altura de los codos de los pasajeros delanteros, que se convierten en 1,46 para los que están sentados detrás.

En el frontal las formas redondeadas, la calandra encajada y contenida entre las líneas del capó y los faros redondos, recuerdan al mismo tiempo al Aurelia y a la refinada aerodinámica del Dialogos (pero esos faros con luces halógenas, reflector bifocal y óptica de superficie compleja proporcionan unas prestaciones que se sitúan entre las mejores del segmento: más de cien metros de visibilidad para las luces de carretera, con una homogeneidad de iluminación perfecta en los primeros 40 metros, asegurada por las luces de cruce).

En el lateral, ventanillas “históricas” por su simetría, rodeadas de tanta chapa que transmite, incluso a primera vista, sin necesidad de números, la solidez y la seguridad del coche. Evidentemente, las cifras están y confirman esta impresión: 100.000 kgm/rad de rigidez torsional (76.000 para el Station Wagon); 85 full crash superados con brillantez; 4 airbags de serie (dos frontales y dos laterales), más cinturones con doble fijación inferior en el asiento, pretensor y limitador de carga, así como tercer reposacabezas extraíble para el asiento trasero central.

Evocaciones de ayer, funcionalidad de hoy. El juego de equilibrio se repite también en la parte trasera, donde las líneas se cierran en V hacia el centro, como el casco de un barco (la tradición empezó con el Aprilia), ocultando un maletero de 420 litros, que se triplican en el Lancia Lybra Station Wagon.

Con su discreta elegancia, el interior es coherente: inserciones en madera ecológica, pero no demasiadas; salpicadero en dos colores, oscuro arriba y más claro abajo, para dar amplitud y luminosidad al ambiente; asientos como butacas, con costuras en relieve y revestimientos en tejidos valiosos, Alcántara® o piel; superficies opacas y agradables al tacto, y teclas de los mandos negras y brillantes, que recuerdan a las famosas plumas Mont Blanc.

En definitiva, un ambiente con clase para delimitar el habitáculo, que es realmente una “burbuja saludable” y un “salón” al mismo tiempo, verdadero punto fuerte y también rasgo distintivo de un automóvil fabricado “desde el interior”, con el objetivo de ofrecer un bienestar a bordo que es el placer de vivir el coche en el sentido más amplio de la expresión.

Por eso dispone de un grupo calefactor y un climatizador no sólo de gran eficacia (el caudal de aire es de 445 m3/h, 50 más que el también apreciado Alfa 156), sino que además es de tipo “dual-zone”. Una instalación que permite que el conductor y el acompañante regulen de manera diferente la temperatura del aire: en la práctica, como si cada uno dispusiera de su proprio calefactor o acondicionador personal.

En consecuencia, el microclima que se desea y, sobre todo, aire siempre limpio: gracias a un doble filtro que retiene las partículas y el polen, reduce las sustancias nocivas y absorbe los malos olores, y gracias también a la ayuda del Air Quality Sensor. De hecho, todos los Lancia Lybra disponen de un sensor que activa automáticamente la recirculación del aire cuando el coche circula en ciudad, por túneles o en caravana. En estas circunstancias el habitáculo está aislado del exterior, y en su interior se registra una reducción de la contaminación comprendida entre el 40 y el 70 por ciento.

Confort, bienestar y calidad de vida, a la que sin duda también contribuye un Hi-Fi de gran calidad. Y para el Lancia Lybra se ha elegido lo mejor: un equipo diseñado y desarrollado expresamente para los dos coches (los parámetros de regulación son diferentes para la berlina y el Station Wagon) por la empresa más prestigiosa del sector, la norteamericana Bose.

Se trata de 300 W de sonido de potencia, un amplificador analógico de cinco canales con circuitos de ecualización activa integrados y siete altavoces: dos woofer, dos tweeter, dos midrange y una caja de bajos. Por lo tanto un Hi-Fi capaz de reproducir el sonido de una manera extraordinariamente realista, como en un auditorio.

Sumergidos en la “burbuja saludable” del habitáculo, cómodos y a gusto como en casa, rodeados de silencio (el excelente índice de articulación es 72) que sólo rompe el sonido cristalino del equipo Bose, nos podemos concentrar en el diálogo con el coche.

Dicho diálogo se confía a un único dispositivo, el Sistema Integrado de Control (ICS), situado en la consola central. En la parte superior, para que el conductor pueda leer la información sin apartar la atención de la carretera. En el centro del salpicadero, para que también el acompañante pueda utilizarlo fácilmente, y para que los pasajeros de detrás puedan verlo.

Este dispositivo tiene una pantalla multifunción en color de 5 pulgadas y matriz activa (una novedad absoluta para los coches de este segmento), y desempeña la función de corazón informático del coche. De hecho, controla el radiocassette, el ordenador, el check de los sistemas de a bordo, el reloj y, cuando los hay, el teléfono GSM y el navegador vía satélite.

La respuesta del coche a las peticiones del conductor se confía a cinco excelentes propulsores. Tres, todos multiválvula, son de gasolina: 1.6 16v de 76 kW (103 CV) – 1.8 16v de 96 kW (131 CV) – 2.0 20v de 113 kW (154 CV). Motores potentes y sobre todo elásticos, que proporcionan un excelente par máximo a un amplio abanico de regímenes.

A éstos se añaden dos turbodiesel que representan lo mejor de la tecnología actualmente disponible en el campo de los motores a gasoil. Se trata del 1.9 JTD de 77 kW (105 CV) y del 2.4 JTD de 98,5 kW (134 CV), ambos a inyección directa tipo “Common rail”.

El resultado es una gama de versiones con prestaciones de grandes coches de carretera, es decir, automóviles en los que sin duda cuentan la velocidad punta (de 185 a 210 km/h) y la capacidad de recuperación y de aceleración (el Lancia Lybra 2.0 20v acelera de 0 a 100 km/h en 9,9 segundos), pero en los que lo más importante es la posibilidad (para el cliente) de disfrutar de estas prestaciones conduciendo sin estrés.

De aquí el profundo estudio técnico de la mecánica del Lancia Lybra, que consigue ofrecer todo el placer de conducción, el agarre a la carretera y la seguridad activa característica de los coches de su segmento, además de un confort exquisito Lancia.

Ello se debe principalmente a las suspensiones, que combinan un esquema McPherson delante con un nuevo sistema de Brazos Longitudinales Guiados (BLG) detrás. Este último permite controlar mejor los movimientos verticales y longitudinales de la rueda, haciendo “trabajar” a los neumáticos siempre de manera ideal respecto al terreno, con presiones uniformes en toda el área de contacto.

Por tanto, en lo que se refiere a la mecánica del Lancia Lybra cabe destacar una suspensión trasera especialmente eficaz y sofisticada (se podría definir como un multibrazo específico para el confort). A continuación un sistema de frenado que, por estructura, dimensiones y materiales puede compararse con los de los coches del segmento superior (el ABS equipado con corrector electrónico de frenada EBD es de serie en todas las versiones). Y, finalmente, un cambio manual de cinco marchas silencioso y preciso; o bien – como alternativa – el Comfortronic, cambio automático adaptativo de control electrónico, con dos modos de funcionamiento: automático (“Full auto”) y manual (“Tip”).

De hecho, la palanca de selección se mueve en una rejilla doble. Cuando se encuentra en el sector derecho, el cambio funciona en modo completamente automático y permite conducir con el máximo confort, reduciendo los consumos (una vez más la conducción sin estrés). Desplazando el cambio hacia el sector izquierdo, la selección de las marchas se confía a la intervención manual del conductor que, empujando hacia adelante la palanca, aumenta la marcha y, tirando de ésta hacia atrás, “reduce” (como un joystick), y aprovecha al máximo las cualidades en carretera y las prestaciones del coche.

En conjunto, el Lancia Lybra se presenta como un coche elitista de clase media que, en ambos equipamientos (Lybra y Lybra LX), ofrece “algo más” en el aspecto de la elegancia, de la calidad, del confort y del bienestar a bordo. Es decir, todo lo que se refiere a la atención al conductor y a sus necesidades, incluido el poder disponer de un “paquete” de servicios capaz de eliminar toda preocupación relacionada con la utilización del coche.

Por tanto, con el Lybra Lancia propone un coche “de valor” en el sentido más amplio de la palabra y ésta es, por otra parte, una característica destinada a permanecer en el tiempo, durante todo el ciclo de vida del coche.

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