La industria del automóvil española compite y exporta en un mercado global en crisis

 

 

 

 

 

 

Flexibilidad y formación son la clave para una industria más eficiente y con mayor productividad

La globalización de la competencia y de la localización de los centros productivos de cada grupo industrial multinacional está acelerando fuertemente la eficiencia de sus fábricas, creando presiones intragrupo que seleccionan las mejores en cada sector.
El nuevo modelo industrial, que algunos llaman “social manufacturing” (The Economist, abril 2012) y que empieza a alinearse con la “tercera revolución industrial” de Rifkin, pone énfasis en la eficiencia, la automatización y digitalización, como medios para conseguir mayor adaptación a los cambios de escala y a la diversificación de la producción, ajustándose rápida y eficazmente a las necesidades de un consumidor cada vez más interactivo.
En otras palabras: fábricas flexibles que con tecnología, planes industriales negociados,
formación y software compitan ventajosamente con el modelo lowcost de
finales del siglo pasado y propicien el retorno de la industria a los países desarrollados,
capaces de generar competitivamente personal cualificado, infraestructura
tecnológica y valor añadido.
La flexibilidad es el concepto clave para la industrialización sostenible. Flexibilidad
técnica, apoyada en inversión específica en procesos automatizados y gestión de las
cadenas de montaje, pero sobre todo flexibilidad de adaptación del factor trabajo a
las instalaciones y a los equipos.                                                                                                      La productividad depende crucialmente de esta flexibilidad, especialmente en contextosde alta variabilidad de la demanda. La capacidad de ajuste de la mano de obra es loque permite eliminar horas de productividad nula, elevando la productividad media sin pérdidas de empleo o salario.

El otro gran concepto de las fábricas de valor añadido es sin duda la formación. Formación
como esfuerzo de continuidad, considerada como inversión y no gasto. Su crecimiento
genera el capital humano que alimenta la productividad y potencia el empleo fijo como
“empleo de calidad”, al optimizar la formación del trabajador.

 

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