La Fórmula Niki-Lauda: conducir, igual de divertido que ahorrar

“Apuesto 50 Euros a que te voy a ganar y por mucho”, exclama el padre. “Pues yo no apuesto en contra, porque si él, que tanto mira cada euro, se apuesta nada menos que un billete de 50, es que va en serio”, responde el hijo.

El piloto leyenda de la fórmula 1 Niki Lauda (58) y el piloto del campeonato de Turismos Mathias Lauda (26) se enfrentan en una carrera muy especial: no se trata de correr, sino de consumir poco en un circuito urbano de 35 kilómetros de longitud atravesando la metrópolis de Mercedes, la ciudad alemana de Stuttgart. El padre contra el hijo, un piloto contra otro piloto, la diversión de conducir contra la diversión de lograr un bajo consumo.

Los vehículos: dos smart fortwo cabrio mhd idénticos con la innovadora técnica de parada y arranque. Esto significa lo siguiente: cuando la velocidad del vehículo baja de 8 km/h, por ejemplo al llegar a un cruce o a un semáforo, se para automáticamente el motor tricilíndrico de 71 CV del coche; y vuelve a arrancar automáticamente en cuanto el conductor pisa el acelerador.

“Es estupendo”, afirma Niki Lauda: “Cuando estás detenido, no consumes gasolina y tienes una sensación maravillosa.” El triple campeón del mundo de fórmula 1, que sólo utiliza smart para circular por Viena, su ciudad natal, (“es el mejor invento para las grandes ciudades desde que existe el automóvil”), reconoce que una de sus máximas apuestas en la vida es por el ahorro: “El dinero que más fácilmente ganas es aquél que no dilapidas”.

Lauda acelera suavemente y no tarda en cambiar con el cambio automatizado a la siguiente marcha superior para que el smart se mueva con total armonía en medio del tráfico urbano. Deja a un lado la turística torre de la televisión de Stuttgart y baja la cuesta hacia el centro de la ciudad, que atraviesa en dirección al estadio Gottlieb-Daimler y al nuevo Museo Mercedes. Sigue a lo largo del río Neckar y vuelve a subir al otro lado hacia el Killesberg, donde en su día Ferdinand Porsche inventó el VW Escarabajo. “Es un terreno complicado para una prueba de consumo, porque todo son subidas y bajadas”, se queja el gran maestro. Pero un vistazo al medidor de flujo que han instalado los técnicos de smart le satisface: la indicación digital oscila en torno a la marca de 5 litros. ”Hay que dejar rodar el vehículo”, asegura Niki Lauda. “Hay que utilizar la energía del coche y no perderla sin sentido, frenando, acelerando y volviendo a frenar continuamente” según explica. “Es una estupidez acelerar a fondo de un semáforo hasta el siguiente, gastando inútilmente valiosa energía.”

Y además, este legendario piloto no cuestiona en ningún momento que con este tipo de conducción se pierda la diversión: “En los desplazamientos cortos la diversión está sobre todo en el ahorro, y esto no sólo es así desde que la gasolina está tan cara.” Es otro factor más por el que a Lauda le encanta el smart: “Con ningún otro coche se puede circular por ciudad consumiendo menos si uno se esmera un poco.”

Niki Lauda se centra en lo primordial: conducir con anticipación, frenar poco, acelerar con cuidado, consumir poco combustible, y ganar a su hijo por mucho”. “Siempre actúo por convicción”, dice el piloto conocido por llevar siempre una gorra. En su flota de vehículos de alquiler “laudamotion” ya se incluyen 530 smart fortwo.

Niki Lauda deja a un lado el chalé de Porsche en la calle Feuerbach y continúa con su smart hacia la Solitude, la que antaño fuera la zona de recreo de fin de semana de los reyes de Württemberg. En el patio central del palacio ya le espera su hijo Mathias.

“¿Cuánto llevas aquí?” le pregunta el padre.

“Dos minutos.”

“¿Y cuánto has gastado?” “6,48 litros a los 100 kilómetros.”

“Pues ya ves, yo sólo he consumido 5,23 litros. Me has ganado por dos minutos, apenas dos minutos en 35 kilómetros de tráfico urbano. Pero yo te he ganado 1,25 litros en 100 kilómetros.”

Mathias, el joven Lauda, asiente con paciencia. “De acuerdo, tú has ganado. Yo no he sido mucho más rápido, pero tú sí has consumido mucho, mucho menos.” Y, sonriendo, le pasa el brazo por el hombro a su padre.

“Un 20 por ciento menos, para ser exactos”, recalca Niki Lauda: “Mucha suavidad con el pie en el acelerador, hijo, ése es todo el secreto”.

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