El diseño de Audi: la belleza de la tecnología

El diseño de Audi es inconfundible. Forma y función se mezclan para crear un todo deslumbrante, impartiendo a los vehículos con los cuatro aros ese carácter tan especial. El diseño de Audi ha evolucionado continuamente durante décadas, asociado siempre a un código de formas claro que inculca a la marca una identidad única.

El diseño de Audi siempre ha procurado expresar de forma ambiciosa ese reclamo de liderazgo tecnológico resumido en el eslogan A la vanguardia de la Técnica. Seis modelos en la historia de Audi han logrado esto de forma particularmente exitosa y durante el proceso llegaron a ser verdaderos iconos en sus respectivas épocas: el Auto Union Type D de competición del año 1938, el NSU Ro 80 (1967), el Audi quattro (1980), los concepts cars quattro Spyder y Avus quattro, ambos aparecidos en 1991, y el A2 de 1999.

Hoy en día, Audi envuelve su superioridad técnica en elegancia deportiva. El lenguaje del diseño obedece estrictamente a las directrices definidas. Éstas se componen de una serie de elementos característicos y comunes a toda la gama, como la parrilla de marco individual (single-frame), la curvatura continua del techo y el diseño de los pilotos traseros. Este código de formas garantiza que cada modelo Audi ilustra la fuerte identidad de la marca.

La necesaria inquietud creativa en los diseños de Audi es responsabilidad de un reducido equipo de jóvenes especialistas. Ellos trabajan en el pequeño Concept Design Studio de Audi en Munich. Este estudio vanguardista, situado en el barrio de moda Schwabing, es un lugar para la comunicación abierta y las ideas poco convencionales. Su personal inyecta a la marca la inspiración que permitirá a Audi continuar consolidando esa superioridad tecnológica hoy, mañana y en un futuro más lejano.

Iconos del diseño de Audi: la armonía de forma y función

En Audi, el diseño del automóvil nunca es un fin en sí mismo; por el contrario, siempre encuentra el reto de expresar La Vanguardia de la Técnica que es inherente a la marca de los cuatro aros. Esta filosofía permite a Audi continuar en esa misma línea desde hace siete décadas.

“El diseño de Audi se distingue del resto, es la armonía de la forma y la función”, manifiesta Stefan Sielaff, responsable de Diseño de AUDI AG. Por encima de todo están las proporciones, la escultura de nuestros automóviles que retrata la interacción de la tecnología y el diseño. Esta filosofía tiene un pasado destacable y es una faceta clave en la historia de Audi”.

Sielaff demuestra esta continuidad por medio de seis vehículos que representan distintas etapas en la historia de la compañía. El Auto Union Type D, un coche de competición del año 1938; el NSU Ro 80 (1967), el Audi quattro (1980), el quattro Spyder y el Avus quattro, unos prototipos que aparecieron en 1991; y, por último, el A2 de 1999, todos ellos son vehículos que se pueden considerar como máximos exponentes de la tecnología y el diseño. Cada uno de estos coches expresa de manera inconfundible un concepto a través de su arquitectura, con el que se simboliza el corazón de la marca Audi: A la Vanguardia de la Técnica.

El Auto Union Type D, vehículo de competición de 1938

Muy raramente la funcionalidad consigue irradiar fascinación pura, como lo hicieron los coches de competición que participaban en los Grandes Premios de los años treinta del pasado siglo, los legendarios “Flechas de Plata”. El Type D, el coche con el que Auto Union participó en las carreras en las temporadas de 1938 y 1939, fue la estrella de un espectacular legado del diseño.

En cuanto a fundamentos técnicos, todos los Auto Union de competición presentaron nuevas propuestas en su época: Al igual que los monoplazas de Fórmula 1 actuales, el conductor se sentaba delante, con el motor instalado longitudinalmente por detrás de él. Este concepto de motor central (el Type D tenía un V12 de tres litros que desarrollaba una potencia de alrededor de 500 CV en su configuración final) se convirtió en un estilo verdaderamente innovador.

La vista lateral del Type D, un proyecto con el auténtico sello de la casa Auto Union, estaba dominada por el diseño en forma de cúpula y en el punto más alto de la misma iba sentado el conductor. Con esta uniformidad formal, este último vehículo de competición de Gran Premio procedente de la Sajonia alemana significó un rápido avance hacia el futuro. Su larga y alta zaga, terminaba en dos rebordes horizontales que servían para estabilizar el flujo de aire, de acuerdo con los principios de la ciencia aerodinámica que imperaba en aquellos tiempos.

“El Type D traslada la emoción de un coches de carreras radical”, dice Stefan Sielaff, responsable de Diseño de AUDI AG. “Hoy en día diríamos que tenía un diseño con cabina avanzada: El conductor iba sentado en la parte delantera y el empuje de la fuerza le llegaba de la zona posterior. Ahora podemos sentir lo mismo con el actual TT, a pesar de que su motor vaya situado delante. Su línea de techo ha sido dibujada como si su punto más alto estuviera también justo encima del conductor”.

El NSU Ro 80 de 1967

Su diseño simboliza por sí mismo el excepcional estatus tecnológico que posee. Su carrocería panelada fue realizada sin ningún tipo de salientes, centrándose estrictamente en lo esencial. Las líneas limpias enmarcaban una silueta en forma de cuña y el frontal plano ocultaba una mecánica revolucionaria: el motor Wankel.

Este motor de pistones rotativos era extremadamente compacto. Con sus dos rotores en dos cámaras que medían 497 cc cada una, daba una potencia de 115 CV, suficiente para alcanzar una velocidad máxima de 180 km/h. El motor se movía como una turbina, con muy pocas vibraciones. NSU había utilizado ya el motor Wankel en los coches de producción en serie, como por ejemplo en el Spider de techo abierto de 1964. En aquellos momentos parecía que ese motor iba a ser la tecnología del futuro. Problemas iniciales de fiabilidad previnieron contra otras posibles dificultades de mayor envergadura. En cualquier caso, más de 37.000 unidades salieron de la línea de ensamblaje hasta el final de la producción del Ro 80, en abril de 1977, momento en el cual NSU ya se había fusionado con Audi.

El Ro 80, que inmediatamente consiguió el título de “Coche del Año”, estuvo por delante de su tiempo en muchos aspectos. La tracción delantera proporcionaba a este largo sedán una gran seguridad en la conducción, mientras que la transmisión semiautomática de tres marchas facilitaba unos cambios suaves en el paso de una a otra velocidad. Y su avanzada carrocería permitió alcanzar un increíblemente bajo coeficiente de resistencia aerodinámica de sólo 0,36. Las mentes creativas de NSU estuvieron tan convencidas de su diseño que lo registraron como patente a principios de 1963.

“El Ro 80 fue una seña de identidad para nosotros”, dice Stefan Sielaff. “Su diseño era moderno y ligero; su transparencia cobra vida en la superficie acristalada. En aquellos días encontramos una solución con el uso de una tercera ventanilla lateral en nuestros vehículos tipo sedán. El Ro 80 aportó un montón de importantes ideas al código genético de nuestra marca”.

El Audi quattro de 1980

Incluso su revelación significó un acontecimiento especial: Este Audi no se lanzó en los pabellones de exposición del Salón del Automóvil de Ginebra, sino en una pista de patinaje cercana. El coche que Audi presentó al público el 3 de marzo de 1890 no era exactamente un trabajo en el que primara la belleza, sino el de un vehículo lleno de carácter.

Este coupé exhibía el lenguaje de diseño de Audi en aquel tiempo en su forma más pura: cuadrado, cúbico, rectilíneo. Sus paragolpes sobresalían ligeramente; su bajo habitáculo terminaba en dos pilares C horizontales. Un spoiler al final del morro vertical y la parte trasera alta mejoraban las fuerzas descendentes para garantizar una gran estabilidad. El “Ur-quattro” (como se le conoce hoy en día) irradiaba autenticidad, potencia y autoridad; o, como decía la gente entonces, “se abrazaba realmente al suelo”.

El Audi quattro, que se mantuvo en la gama de Audi hasta 1991, demostró ser no solamente uno de los modelos más importantes en la historia de la marca, sino también un referente de la automoción. El Ur-quattro permitía saborear la tracción a las cuatro ruedas motrices y creó nuevos horizontes en la física de la conducción. Su motor de cinco cilindros turboalimentado conseguía 200 CV de potencia de una cilindrada de 2.1 litros, además de un excelente dinamismo, tanto en aceleración como cuando deslizaba lateralmente.

El Sport quattro, la versión homologada para competir en el Campeonato del Mundo de Rallys, diseñada en 1984, tenía todavía más potencia. Gracias a su tecnología de cuatro válvulas y cárter de aluminio, este motor de cinco cilindros conseguía 306 CV. Entre las características visuales de este coupé de edición limitada y con una distancia entre ejes más corta estaban sus paragolpes aún más abultados en los ángulos. Esto se puede encontrar todavía hoy en el RS 6 y en el RS 6 Avant.

“De acuerdo con los conocimientos que se tenían en aquellos días, el diseño cuadrado era bueno desde el punto de vista aerodinámico”, dice Stefan Sielaff. “Audi se centró en él durante varios años. El Ur-quattro no era un coche elegante. Se concibió y diseñó para ser estrictamente funcional y, precisamente por ello, transmitía unos valores emocionales únicos”.

El Audi quattro Spyder de 1991

Ancho, bajo y pintado en un color Naranja Fiji encendido: el quattro Spyder causó sensación en el Salón del Automóvil de Fráncfort de 1991. Fue el primer pura sangre deportivo de Audi y también el primer coche de la marca con una carrocería de aluminio. La carrocería del vehículo pesaba solamente 140 kilogramos (308,65 libras). En contraste con los vehículos producidos en serie hoy, la carrocería del quattro Spyder consistía en un bastidor de carga con una “piel” separada. El vehículo completo pesaba nada más que 1.100 kilogramos.

Gracias a su bajo peso, un motor estándar de gran volumen de producción era más que suficiente: el V6 de 2.8 litros procedente del Audi 100. Instalado transversalmente por detrás de los asientos, ofrecía una potencia de 174 CV, que permitía a este vehículo de dos asientos acelerar de 0 a 100 km/h en 6 segundos y alcanzar una velocidad máxima de 250 km/h. La potencia se distribuía a las cuatro ruedas a través de un sistema de tracción quattro especialmente diseñado.

Con 4,24 metros de longitud, 1,77 metros de anchura y sólo 1,17 metros de altura, el Audi quattro Spyder era un coche muy compacto. Sus llantas de 18 pulgadas, con el clásico diseño de seis radios, transmitían poderío. El espacio para el pasajero representaba un elegante arco en una posición muy baja; el techo de cristal era practicable y tenía una células solares para mover un ventilador. Centenares de personas depositaron opciones de compra en los concesionarios cuando el quattro Spyder todavía era un coche de exhibición.

“El quattro Spyder y su tranquilo lenguaje de diseño fue una manifestación de nuestra filosofía de diseño en aquella época”, explica Stefan Sielaff. “No era realmente un diseño de moda; fue algo atemporal que luego se convirtió en un Audi típico. Su interior contaba con muchas piezas de aluminio, un presagio del carácter del primer TT”.

El Audi Avus quattro de 1991

Semanas después de que apareciese el quattro Spyder, Audi lanzaba un segundo cohete: el deportivo de altas prestaciones Avus quattro, que cautivó a los visitantes del Salón del Automóvil de Tokio, a finales de 1991. El Avus quattro también presumía de una carrocería muy ligera hecha en aluminio: la estructura pesaba sólo 52 kilogramos y la superficie pulida sin pintar 100 kilogramos.

La segunda gran sensación de este coche de exhibición fue su motor. Colocado longitudinalmente por delante de la suspensión delantera, la unidad de seis litros y tres cilindros por bancada tenía una configuración en “W”. Fue el precursor del A8 W12 de hoy. Gracias a su potencia de 509 CV y a un peso de sólo 1.250 kilogramos, ¡el Audi Avus quattro alcanzaba una velocidad máxima de 340 km/h! Una sofisticada transmisión quattro se encargaba de pasar la potencia a la carretera. Para optimizar la distribución de pesos, la caja de cambios manual de seis marchas estaba situada entre las ruedas delanteras. Todas las ruedas iban unidas a suspensiones de doble triángulo y el diferencial electrónico de las ruedas traseras permitía una gran agilidad en curvas.

Con 4,42 metros de longitud, el diseño de este prototipo mantiene su irresistible atracción hasta nuestros días. El puesto de conducción, en una posición muy baja, estaba bastante cerca del frontal del vehículo. La gran distancia entre ejes de 2,80 metros dejaba un hueco generoso entre las impresionantes llantas de 20 pulgadas. Además, los paragolpes, los laterales y el techo curvo, con los retrovisores exteriores en su parte baja, formaban un conjunto unitario brillante y similar a una ola.

“El Avus quattro es uno de los iconos principales de Audi”, proclama Stefan Sielaff. “Su escultura, con su diseño de pronunciada cabina avanzada, es un homenaje a los diseños del pasado que se repiten en los coches de competición de los años 30. Pero, además, el Avus se reveló como un vehículo que miraba hacia el futuro: el Audi R8 TDI Le Mans, un concept de automóvil actual, también tiene un conducto tipo NACA en su techo, de la misma forma que ya lo llevaba el Avus quattro”.

El Audi A2 de 1999

Consumo medio de sólo 2,99 litros de diésel por cada 100 kms: este extremadamente ambicioso objetivo se planteó ya cuando Audi comenzó con el desarrollo del A2 a mediados de los años 90 del pasado siglo. Tres factores se mostraban indispensables para lograrlo: la alta eficiencia de los motores, el bajo peso y un magnífico coeficiente de resistencia aerodinámica.

En primer lugar, los ingenieros de Audi utilizaron motores de tres y cuatro cilindros vanguardistas. Entre ellos estaba el 1.2 TDI de tres cilindros. Audi pudo cumplir con los requerimientos del bajo peso gracias al principio de construcción ASF (Aluminium Space Frame). La versión básica del A2 pesaba solamente 895 kilogramos.

Las exigencias aerodinámicas condujeron a un diseño de dos cajas, sin duda único. La carrocería del A2 tenía una forma bastante afilada hacia atrás y, la línea del techo, al estilo de un coupé, se inclinaba notablemente hacia el suelo. La marcada curvatura de la luneta posterior hacía innecesario el empleo de limpiaparabrisas: un gran spoiler protegía contra la lluvia y la suciedad. El A2 1.2 TDI tenía un sensacional coeficiente aerodinámico de sólo 0,25, un logro que todavía no se ha superado en nuestros días.

Para los pasajeros, este concepto no implicaba ningún sacrificio en absoluto. Al contrario, hasta cinco personas y sus equipajes tenían espacio suficiente, gracias a la posición vertical de los asientos en el habitáculo del A2. Esto facilitaba el confort y, si era necesario, viajes extremadamente rápidos.

“El A2 personifica el diseño Audi de los últimos noventa”, apunta Stefan Sielaff. “Era purista y pleno, prácticamente dogmático en el diseño. No se trataba de un vehículo emocional, más sensible que otra cosa, pero contaba con la cualidad de la intemporalidad a la que siempre aspiran los diseñadores. Incluso hoy, el A2 mantiene una postura valiente. Es uno de los coches que ha sido más significativo para Audi”.

Directrices de diseño de Audi: la escultura móvil

El diseño de Audi es inconfundible, aportando una tecnología superior junto a una elegancia deportiva. El rico y claro lenguaje de diseño de la marca funciona dentro de unas directrices bien definidas. Esto asegura que cada modelo lleve la fuerte personalidad de Audi.

“La expresión más importante de nuestra identidad es la cara de nuestros vehículos”, dice Wolfgang Egger, “y en este contexto la parrilla single-frame es el elemento definitorio”. El responsable de Diseño del Grupo Audi distingue tres categorías diferentes de vehículos Audi: “Los coches de nuestra familia “A”, desde el A3 hasta el A8, exhiben un parrilla single-frame con una anchura clásica. Mientras tanto, en los modelos de las series “Q”, el Audi Q5 y el Audi Q7, esta parilla single-frame aparece considerablemente más alta. Y en los vehículos deportivos como el R8 y el TT, su ejecución es particularmente plana y va situada en una posición baja en el frontal del coche”.

Junto a esta forma fundamental, hay numerosos detalles que permiten a los diseñadores de Audi modificar el impacto de la parrilla single-frame: el emplazamiento de la placa de matrícula, por ejemplo, o la anchura del marco cromado, o el diseño de las barras y sus soportes cromados. Las líneas horizontales resaltadas ofrecen un aspecto elegante, por ejemplo, en los modelos “A”. Las marcadas líneas verticales, como en el caso de la familia “Q”, dan una poderosa impresión de vigor. Los radios dobles son sinónimo de dinamismo en el RS.

Toques creativos: los faros

De modo similar, los faros permiten a los genios de Audi un considerable grado de autonomía. El perfil superior del faro en el Q5, que corta justo cuando se inicia la inclinación del capó, da vigor al aspecto del vehículo. Una pequeña ondulación en el contorno inferior del faro del A4 transmite una impresión animada. Y los diodos luminiscentes con los que Audi incorpora frecuentemente las luces diurnas expresan una determinación valiente cuando atraviesan, como un arco, la parte de debajo de los faros. Sin embargo, cuando los diodos están cerca del borde superior, como en el caso del Audi Q5, el resultado que se consigue es de un aspecto más relajado.

El tercer elemento clave en el diseño del frontal de un vehículo son las entradas de aire. Ello determina si la “cara” del coche “sonríe” o no, dependiendo de si las esquinas están hacia arriba o hacia abajo. Los paralelogramos dan sensación de más autoridad que las formas trapezoidales. Además, una interpretación tridimensional prominente y afilada en los bordes de las entradas de aire y en el spoiler frontal intensifica la deportividad. Wolfgang Egger lo resume así: “Nos concentramos en las tres dimensiones, que proporcionan carácter y simbolizan el poder del motor”.

El capó bajo el que se aloja el motor de cada Audi también tiene una caída tridimensional. Este capó prolonga la faceta clave de la parrilla single-frame y es un componente integral de la carrocería del vehículo, como puntualiza Egger: “Incluimos superficies tensas con líneas precisas; moldeamos el capó con el material. Para más detalles, estamos hablando de décimas de milímetro. Entonces se consigue la máxima pureza, como si de una obra de arte se tratara. Los diseñadores utilizamos toda nuestra creatividad y la marca Audi fluye por nuestras venas”.

A lo largo del lateral del vehículo se encontrarán otras líneas adicionales que también son fundamentales. Los pasos de ruedas acentuados y prominentes alojan grandes llantas, lo que permite que el coche se “abrace” realmente al asfalto. En los modelos “Q”, esos pasos de ruedas son especialmente pronunciados. “La representación apropiada en relación con la carretera afecta significativamente a las proporciones”, explica Wolfgang Egger. “Inventamos coches con la carretera abierta en nuestra mente”.

Dos bordes de refracción de luz dividen el lateral

Cada lateral de la carrocería en todos los Audi tiene dos bordes de refracción de luz. El borde superior es el pronunciado hombro, que se convierte en un foco agudo en la línea de cintura. A partir esta línea que se superpone ligeramente y divide las superficies de chapa por encima de los pasos de rueda, la chapa cae de forma cóncava. A lo largo de la parte inferior de las puertas y paragolpes la chapa se hincha de forma convexa hacia el exterior, acentuada por la dinámica línea por encima de los estribos. Dicha línea dinámica generalmente se eleva en la zona final del vehículo y la línea de cintura, a la inversa, adapta su apariencia según lo que se quiera transmitir: hacia arriba con forma parecida a una cuña en el A3, con un barrido elegante en el A5 ó insertada con calma en el plano horizontal en el A4 Avant.

Cada carrocería de Audi supone alrededor de las dos terceras partes de la altura del vehículo y la zona acristalada la tercera parte restante. Su techo curvado es ya una “curva clásica”, explica Egger: “Es un impacto visual seguro, un movimiento que simplemente fluye por la mano”. Da igual que sea el R8 o el Q7: en cada modelo, la línea de techo aparece ligera y es de aspecto similar a la de un coupé, que comienza cerca del frontal y empieza a inclinarse lentamente como en largas columnas que se prolongan con suavidad hacia atrás. Este arco proporciona luz al característico marco de las ventanillas de Audi, con una ventanilla trasera que se afila hacia un punto y que está dividida en la mayoría de los modelos por una moldura adicional.

El diseño de Audi simboliza aceleración y está libre de elementos que pudieran implicar lo opuesto. Esto también hace que la función sea visible, sin necesidad de utilizar una decoración artificial. El diseño de Audi es auténtico. Y es la suma de la atención por el detalle y la precisión técnica. Esto se evidencia en la delicada interacción de todos los elementos, como en las ranuras absolutamente exactas que hay entre los diferentes paneles metálicos (o en las soldaduras aparentemente invisibles del techo de los últimos modelos). Esa filosofía hace posible que el diseño de Audi exprese perfectamente el carácter de la marca.

Las líneas horizontales acentúan la anchura

En la trasera del vehículo, los diseñadores de Audi subrayan la anchura de la carrocería enfatizando las líneas horizontales. Esto es así no sólo para la forma fundamental que han de tener los pilotos traseros, sino también por la superficie cóncava que hay debajo de ellos, en la que se coloca la placa de matrícula en la mayoría de los casos. Estos pilotos constituyen por sí mismos otro punto para la creatividad de los diseñadores: con la ayuda de la tecnología LED, se pueden realizar formatos de iluminación muy distintos. En el TT, los reflectores crean una ilusión óptica increíble en tres dimensiones.

Los Audi Q5 y Q7 tienen una característica muy especial, el portón trasero redondeado, que hace que la apariencia de esa zona sea aún más ancha y termine en una línea en forma de S en el pilar D. Largos y prominentes tubos de escape insinúan la potencia de los motores Audi. Los difusores insertados en los modelos deportivos enfatizan su carácter dinámico.

Cada Audi es una obra de arte unificada y el diseño interior no es una excepción. Los interiores de Audi imitan las líneas del exterior; el puesto de conducción acentúa las líneas horizontales y continúa hacia abajo. La arquitectura interior está orientada hacia el conductor. En la mayoría de modelos, cuando se mira desde arriba, el aspecto evoca a una cascada. “Transformamos la función en una experiencia elegante”, dice Wolfgang Egger. “Cada Audi es una escultura móvil”.

Audi Concept Design en Munich: inspiración para el año 2015

“El diseño conceptual requiere libertad”. Wolfgang Egger, responsable de Diseño para el Grupo Audi, define así la misión del estudio de creatividad externo situado en Munich. En Schwabing, una barriada de moda de la ciudad, están ya forjando las ideas del mañana y suministran constantemente a la marca Audi un importante ímpetu fresco.

El diseño de Audi es ya una tradición en Munich. Hace 25 años se puso en marcha este estudio en el antiguo taller de reparación de coches de Schwabing, cerca de una calle muy chic, Leopoldstrasse. En los noventa, este centro desarrolló el espectacular prototipo Avus quattro y la serie A12, el precursor del A2, así como el Steppenwolf, un concepto de SUV que apareció en 2001.

Después de amplias renovaciones en 2003, el estudio es ahora ultramoderno, un lugar brillante, equipado con materiales cálidos y que cubre alrededor de 800 metros cuadrados (8.611,13 pies cuadrados). Una sección diáfana con paredes hechas de bloques de cristal proporciona espacio para las proverbiales mesas de dibujo, para las estaciones de trabajo y para las salas de conferencias. Junto a esta sección, hay un área para la comunicación que se conoce como la cucina (“la cocina)”. Más allá está el cuarto de modelos, que facilita la creación y presentación de nuevos diseños.

El estudio está situado en un lugar que anima al intercambio abierto de ideas. Los diseñadores de Audi obtienen regularmente inspiración fresca hablando con creativos de otras ramas, con estudiantes y con observadores de tendencias. La proximidad del estudio a cafés, boutiques y arquitectura clásica en el estilo del barrio Schwabing de Munich es muy beneficiosa para este tipo de comunicación.

En el Audi Concept Design Studio en Munich trabajan 12 diseñadores y 15 modelistas de varios continentes, bajo la supervisión de Carsten Monnerjan. Aquí se desarrollan conceptos y soluciones detalladas, no sólo para Audi, sino para otro grupo de marcas, diseños para los años venideros e ideas con la mirada puesta en el futuro. “Nuestros colegas en Munich deberían pensar fuera del entorno”, argumenta Wolfgang Egger. “El personal del estudio debería pensar más allá de nuestro tiempo. Muchas de sus ideas son demasiado avanzadas para ser realizadas en la actualidad”.

Los esquís de alta tecnología proyectados por el área de Diseño de Producto y realizados en composite de carbono son sólo un ejemplo. Todos los pequeños elementos relacionados con la marca Audi parten de aquí, desde relojes a máquinas de café espresso. Egger manifiesta que quieren poner más atención en los objetos de puro diseño en el futuro. Y añade con una sonrisa: “¡Sería maravilloso si nuestro trabajo fuera expuesto un día en el Museo de Arte Moderno de Nueva York!”.

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