BMW 550I / Jaguar XF V8

Image A nivel dinámico, es tarea difícil toserle a BMW, sobre todo, si además el coche va equipado con estabilizadoras y dirección activa, dos «delicatessen» de la factoría BMW incluidas de serie en este modelo, que complementan a la perfección la ya de por sí excelente calidad de pisada de la Serie 5.

Con este equipo, más ruedas 245 en llanta 18, para el alemán, las curvas son rectas; las autovías, autopistas y los paseos, divertidos momentos al volante. No balancea, el conductor no manotea el volante cuando se suceden las curvas y los puertos de montaña son pan comido para un modelo que «va sobrado» de todo.

Pero sin dirección o estabilizadoras activas en el BMW, el XF habría empatado en dinámica, porque combina agrado de conducción, comodidad y agarre. Los esquemas de suspensión del inglés son «pata negra», el calibrado en cuanto a dureza de muelles y amortiguadores consigue sujetar sin molestar e incluso el control de estabilidad deja hacer lo suficiente antes de cortar por lo sano para divertirse al volante de este tracción trasera cuando se deja a la familia en casa y uno va a conducir por esas carreteras de segundo orden llenas de sorpresas. Con todo, a nosotros nos habría gustado que se ofreciera opcionalmente una suspensión un punto más firme, porque siempre hay clientela más exigente en este punto.

La dirección asistida sensible a la velocidad y de relación variable no se puede comparar a la activa de su rival que, por cierto, requiere cierto periodo de adaptación, pero ofrece el tacto y el filtrado adecuados en todo momento.

Lo que sí nos ha convencido del todo es el cambio automático ZF con levas en el volante, aunque sin posibilidad de cambiar en secuencial desde el mando giratorio. Es una delicia por suavidad y facilidad de uso y una virguería por su respuesta. Y es que admite reducciones que otros cambios no toleran, memoriza éstas, sus 6 relaciones están bien escalonadas y ofrece programa «sport» para una respuesta más inmediata.

prestaciones

No pudimos conseguir un BMW 550i con cambio automático, pero da haberlo logrado, no habría superado al utilizado por el XF. Para igualar a ambos modelos en equipamiento y precio nos hemos inclinado por el 550i para compararlo al XF V8, cuando otra posibilidad hubiese sido hacerlo con el 540i, también con motor V8 pero con «sólo» 306 CV. El resultado es el esperado, pero con matices, ya que con 69 CV más y 100 kilos menos de peso en el alemán, las diferencias no son tan salvajes como esperábamos. Y es que el V8 de Jaguar empuja con contundencia, suena a gloria y ofrece un funcionamiento suave y refinado, que nos ha llevado a empatar a ambos modelos en este apartado.

Interior y maletero

El interior del XF es una caja de sorpresas por sofisticación y cuidado al detalle. Desde el botón de arranque, que parpadea en rojo como si latiese esperando que su dueño lo ponga en marcha, hasta la ruleta que hace las veces de selector del cambio que surge de la consola central al arrancar, pasando por las tapas de los aireadores que desaparecen o el sensor que activa la luz interior o abre la guantera con sólo pasar la mano por delante.

Fuegos artificiales, en definitiva, para un segmento en el que hasta ahora reinaba la oscuridad de la rutina y lo tradicional. Pero los artificios no solo animan y aportan originalidad, sino que van acompañados de acabados de gran calidad y materiales de postín.

Su rival lo intenta con el botón de arranque habitual de BMW, un volante que se retira para facilitar el acceso, abundante madera y no mucho más. Desentona, por cierto, en el modelo alemán un freno de mano tradicional (eléctrico de tecla en su rival) y una rueda giratoria (iDrive) lejos del volante frente a una pantalla táctil con navegador incluido de serie en el inglés.

Pero el XF no gana muchos más apartados. Se queda muy cerca y con la cabeza bien alta, pero la apisonadora BMW va venciendo apartado por apartado con rigor alemán y una eficacia insultante. Hasta el último rincón del 550i está rematado con precisión y una calidad de materiales sorprendente. Todo lo que tocas transmite solidez e imaginas una vejez muy llevadera de los materiales susceptibles de mayor uso.

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