AUDI Q7 4.2 TDI: PODER SOBERANO

El Audi Q7 nació destinado a convertirse en líder. El paso del tiempo no ha hecho sino convertir esa aspiración en una contundente realidad, con la progresiva ampliación de la gama a base de versiones acogidas con gran entusiasmo por el mercado.

Ahora llega el momento de ir más allá en ese liderato, para lo que el Audi Q7 acaba de recibir la mecánica diésel más poderosa del mercado. Se trata del motor V8 de 4,2 litros y 326 CV perteneciente a la nueva familia de motores en V de Audi, todo un compendio de la capacidad tecnológica de la marca en materia de propulsores diésel de inyección directa. Cuenta con una cilindrada de 4.134 cc, obtenida a partir de un diámetro de cilindros de 83 mm y una carrera de 95,5 milímetros, siendo su relación de compresión de 16,5:1.

Entre las cualidades propias de este motor se encuentran, no cabe duda, su excepcional ligereza y lo contenido de sus dimensiones externas, características ambas decisivas a la hora de dotar al SUV de Audi no sólo de un rendimiento mecánico excepcional, sino de un dinamismo difícil de igualar. Todo un logro si se tiene en cuenta que uno de los competidores V8 actuales dentro de la misma clase de cilindrada sigue midiendo 140 mm más. Paralelamente, el peso total de dicho elemento se sitúa en sólo 62 kg, gracias a su construcción de fundición de grafito vermicular (GGV), contribuyendo a que el peso total del conjunto del propulsor sea de sólo 255 kg.

Las superficies de deslizamiento de los cilindros han sido sometidas a un procedimiento de bruñido a base de rayos ultravioleta, consiguiéndose con ello reducir de manera considerable tanto el consumo de aceite del propulsor como la formación de partículas en la combustión.

El cigüeñal, construido en acero forjado con aleación de cromo-molibdeno, está acodado de la manera más idónea para que se neutralicen las fuerzas y momentos libres de primer y segundo orden, aportación decisiva para contener sus vibraciones.

Por su parte, las culatas de aluminio cuentan con un sistema de distribución formado por dos árboles de levas por cada una de ellas (por cada bancada de cilindros) accionadas por cadena libre de mantenimiento, el mismo principio que utilizan las bombas de aceite, de agua y de la servodirección. El accionamiento de las válvulas se realiza mediante balancines oscilantes de rodillo con compensación hidráulica del juego de válvulas. El bajo índice de fricción de este sistema permite contener tanto el consumo como las emisiones.

Los dos turbocompresores con geometría de turbina variable no sólo consiguen que los rendimientos absolutos del V8 4.2 TDI sean la referencia entre los de su clase, sino que proporcionan un rendimiento excepcional en una amplia gama de regímenes de giro. Contando con la precisa medición del caudal del aire de admisión, la gestión electrónica consigue que los dos turbocompresores funcionen al mismo nivel de giro y que su rendimiento sea, por tanto, adecuadamente acompasado. Esa gestión la realiza un sistema Bosch EDC16 CP, con regulación del caudal y del inicio de accionamiento, control de la presión de sobrealimentación y de la recirculación de los gases de escape. Dicha presión máxima de sobrealimentación llega a 2,5 bar, alcanzando cada una de las turbinas un régimen de giro de 226.000 vueltas por minuto. El aire de admisión se refrigera mediante la acción de dos radiadores situados en la parte delantera del motor, uno a cada lado, en plena trayectoria del aire inducido que entra a través de la parte frontal del coche.

El sistema de inyección directa de combustible gira en torno a un conducto común de última generación, con una bomba de alta presión alojada en el interior de la V que define el bloque y con un “raíl” o conducto de presión por cada bancada de cilindros. La presión máxima de inyección alcanza los 1.600 bar, 250 más que en los sistemas precedentes de tipo Common Rail. Como ilustración de la importancia de dicho valor, cabe señalar que equivale al peso de una berlina de clase media sobre la superficie de una uña.

Este sistema de conducto común cuenta con la novedad de sus inyectores piezoeléctricos en línea. Los cristales piezoeléctricos se encargan de controlar los inyectores cuando son estimulados por una corriente eléctrica. Su contracción provoca, con el concurso de un elemento hidráulico, la apertura mecánica de la aguja de las toberas de inyección. El sistema piezoeléctrico reacciona con el doble de rapidez que otros inyectores convencionales de conducto común.

El V8 4.2 TDI cuenta con un sistema de escape subdividido en dos tramos, cada uno de ellos dotado de un filtro de partículas. En cada uno de los tramos, la acción conjunta de un catalizador emplazado cerca del motor y el filtro de partículas con revestimiento catalítico asumen la depuración final de los gases de escape. La rápida capacidad de transformación de los hidrocarburos y el monóxido de carbono de los catalizadores permite que el motor supere con éxito la normativa de emisiones de escape EU4.

Asociada al motor V8 4.2 TDI en el Audi Q7 va una caja de cambios tiptronic de seis etapas con un programa de cambio dinámico DSP. Este programa consigue dosificar la entrega de potencia y par de manera óptima, lo que equilibra a la perfección una respuesta instantánea, las prestaciones más brillantes y el refinamiento de marcha más exquisito. En línea con las particularidades del motor, esta caja de cambios resulta extremadamente compacta y ligera, con un peso de sólo 80 kg.

Con todo, las prestaciones del Audi Q7 V8 4.2 TDI son dignas de todo un deportivo de raza, con una potencia de 326 CV, una aceleración de 0 a 100 km/h en sólo 6,4 segundos y una velocidad máxima de 236 km/h. Ello, sin embargo, no es obstáculo para que el consumo medio se sitúe en sólo 11,3 litros a los 100 km.

Como no podía ser de otro modo, el Audi Q7 V8 4.2 TDI cuenta con un nivel de equipamiento a la altura de sus ambiciones. De hecho, su dotación de serie es idéntica a la de la versión estrella en la gama de motores de gasolina, el 4.2 FSI, pero añadiendo, con respecto a éste, en el equipo de serie la reputada suspensión neumática adaptativa.

Este sofisticado tren de rodaje adaptativo , combina la suspensión neumática y la amortiguación electrónica sin escalonamientos con la estabilización dinámica del balanceo. El conductor dispone de 5 modos (automatic, comfort, dynamic, offroad y lift) para ajustar la suspensión a través del sistema MMI. Además para facilitar una carga más cómoda del vehículo, la suspensión del eje trasero puede reducir su altura.

El inicio de la comercialización del Audi Q7 V8 4.2 TDI se producirá a comienzos de mayo, con un precio de venta al público de 78.400 euros.

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